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martes, 22 de noviembre de 2011

Desde mi cielo








En demasiadas ocasiones me pregunté como hubiera sido yo, sin ti.
Desde que apareciste en mi vida cuando tenía 4 años, supiste ganarte mi confianza dándome estabilidad, cariño, protección... y cuando viste que confiaba ciegamente en ti, me metiste en tu infierno.
Me hiciste que dependiera tanto de ti, que el hecho de decepcionarte o enfadarte, me daba pánico y solo hacia lo que pedías, sin mas. Tenia miedo a no saber vivir sin ti, sin tu cariño.
Cómo podía estar tan ciega?
Para cuando puede comenzar a ver un poco e intentar escapar, ya tenías pensada tu jugada, una jugada con solo tres cartas. Me conocías bien y sabias que no te echaría la culpa a ti por lo que me habías hecho durante todos esos años, si no a mi misma por no hacer nada para evitarlo, era la carta de la responsabilidad. Tenias una segunda carta, la de la amenaza y el miedo en aquella época necesitaba tanto el cariño y la aprobación de los míos, que sabias que me daba pánico, que si jugabas tus cartas los perdiera a todos de un solo golpe.
Y así me tuviste con el pie en el cuello unos cuantos años más. Hasta que dos personas entraron en nuestra vidas: ella se te llevo a miles de Km. y él me dio el amor y la seguridad que necesitaba y sin saberlo me hizo ver que podía vivir sin ti y que la dependencia que habías creado era falsa, pudiendo dar así el primer paso, un paso importante para cuando estuvieras dispuesto a volver. No pude dar el paso definitivo porque volviste justo cuando él me dejo y mi estabilidad emocional se había evaporado.
Tu habías vuelto derruido y arruinado, así que una vez más me toco cuidarte, como había hecho toda mi vida. Si intentaba escapar de ti, jugabas tu última carta, la de la lastima, sabías que no soporto ver sufrir a nadie.
Con la madurez llegaron las secuelas, los dolores por todo lo vivido, no sabia que me pasaba, no lo relacionaba contigo.
Llego el día que el dolor fue insoportable y pedí ayuda,  por suerte lo hice con la persona indicada la que tenia las armas para desenmascararte.  Me preparó para enfrentarme a ti: Yo no era la responsable, no perdería a nadie por tu culpa y cuando intentaras hacerme sentir lastima por ti, ser consciente de todo el daño que me habías hecho, me haría no caer en la tentación de perdonarte.

El día que me enfrente a ti para arrancarte tu mascara, no lo olvidaré jamás, volví a nacer.

Nunca sabré como hubiera sido sin tu influencia, pero lo que sé, es que gracias a vivir lo que viví y a salir de tu infierno, me convertí en la mujer que soy ahora, con carencias pero con virtudes importantes que me hacen estar orgullosa de ser quien soy.